jueves, 17 de septiembre de 2009

Instrucciones para llorar

Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.

Julio Cortázar

miércoles, 2 de septiembre de 2009

lunes, 24 de agosto de 2009

El perfil de un genio


110 años, quién iba a decirte a ti que vivirías tanto tiempo. Tú, que te creías un eco, un mero reflejo, nadie, el sencillo sueño de otro. Y ahora, tú eres el hacedor, el que con palabras inmortales has creado un mundo que estimula nuestra infinita imaginación. Tus lectores nos creemos ahora soñadores, rehacedores de una literatura mágica en la que gustosamente nos perdemos. Has creado el laberinto especular que nos arroja a los brazos de la interrogación, cuántas preguntas tras leerte, cuántos intentos de responder y tú que te empeñas en llevarme a un callejón sin salida. Pero ya sé que sólo salva la ficción, el invento de mundos paralelos para evadirnos momentáneamente de una realidad que parece atroz.

Ya sé, Borges, que sólo salva la risa…



viernes, 21 de agosto de 2009

jueves, 30 de julio de 2009

- Aquí estoy, Bastián.
- Hija de la Luna, ¿eres tú?
Ella se rió de una forma curiosamente cantarina.
- ¿Quién iba a ser si no? Acabas de darme ese bonito nombre. Gracias. Bienvenido, salvador, héroe mío.
- ¿Dónde estamos, Hija de la Luna?
- Yo estoy contigo y tú estás conmigo.
Era como una conversación en sueños y, sin embargo, Bastián estaba totalmente seguro de que estaba despierto y no soñaba.
- Hija de la Luna - susurró - ¿es esto el final?
- No - respondió ella -, es el principio.
[...]
- ¿Por qué está todo tan oscuro, Hija de la Luna? - preguntó.
- Los comienzos son siempre oscuros, Bastián.
[...]
- Quisiera verte otra vez, Hija de la Luna. ¿Sabes? Como en el instante aquel en que me miraste.
Otra vez oyó la risa suave y cantarina.
- ¿Por qué te ríes?
- Porque estoy contenta.
- ¿Por qué?
- Acabas de formular tu primer deseo.
- ¿Y lo cumplirás?
- Sí. ¡Extiende tu mano!
Lo hizo y sintió que ella le ponía algo en la palma. Era diminuto pero, extrañamente, pesaba mucho. Daba frío y era duro y muerto al tacto.
- ¿Qué es esto, Hija de la Luna?
- Un grano de arena - respondió ella -. Es todo lo que ha quedado de mi reino sin fronteras. Te lo regalo.
- Gracias - dijo Bastián maravillado. Realmente no sabía qué hacer con el regalo. ¡Si por lo menos hubiera sido algo vivo!
Mientras reflexionaba aún en lo que sin duda esperaba de él la Hija de la Luna, sintió de pronto en la mano un delicado cosquilleo. Miró con más atención.
- ¡Mira, Hija de la Luna! - susurró. ¡Empieza a fosforescer y brillar! Y, mira, brota una llamita. No, ¡es un embrión! Hija de la Luna, ¡no es un grano de arena! ¡Es una semilla luminosa que empieza a crecer!
[...]

martes, 21 de julio de 2009


Un puente no se sostiene de un solo lado...


La verdadera otredad (...) no podía cumplirse desde un solo término, a la mano tendida debía responder otra mano desde el afuera, desde lo otro...

Julio Cortázar